Hoy, amaneció como todos los días. Yo me dispuse a despegarme de las sábanas que me secuestraban. Me levanté, coloque los pies en el suelo y noté algo, algo que no había notado antes pero -oh me crecieron alas- no me lo podía creer. Llegue al tejado al fin, para probar estas alas que habían nacido de mi espalda la noche anterior. Me coloqué en el borde del edificio y salté, empecé a agitar las alas con energía y en efecto, volé. Llegué a rincones del mundo que ningún otro humano había estado, disfrutaba volando, nadie me podía pillar, nadie podía verme por lo alto que volaba , disfrutaba de esa brisa en mi rostro, de esa libertad que me otorgaba esas alas, no supe controlarme y desaparecí,he aquí mi error, me olvidaron.
Caí en picado, como el martillo contra el yunque pensando en el semejante golpe que voy a darme.
Llegué al suelo, acariciándome bruscamente, me encontraba ahí, en un desierto y pensé -ojala no me hubiera crecido esta maldición en la espalda- Todos me olvidaron, mi familia, mis amigos, el mundo se había desprendido de mi y yo me había desprendido del mundo.
Los párpados caían como la noche, me moría. No podía creerme lo egoísta que llegué a ser, me encontraba completamente solo, el día de mi juicio, el día marcado.
Pensar, todo aquello comenzó una mañana cualquiera, hice lo que cualquiera hubiera hecho, no me juzgueis, os lo ruego. Mis alas desaparecieron y con ellas mis recuerdos, no tenía nada, solo mi aliento y ya me quedaban pocos, los últimos retazos de pensamientos y me despido.
-Memorias de...-

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