No tengo ganas de ir a sumergirme en mi mismo. De desaparecer entre sabanas de franela y morir en un mundo inexistente.
Adentrarme en una cueva sin luz, a ciegas. Con todo tipo de criaturas al acecho de un incruento muchacho, temiendo a una oscuridad que sucumbe a su piel, vista y todos sus sentidos.
Me despido.
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